jueves, 25 de septiembre de 2014

Septiembre 25: Hoy es aniversario de la Paz de Augsburgo , también conocida como “Paz de las religiones”, firmada por el Sacro Emperador Carlos V y los príncipes de la Liga de Esmalcalda luterana (Schmalkaldic League), el 25 de septiembre de 1555, donde hoy queda Bavaria o Baviera (Bayern), en Alemania.



Las disputas comenzaron a surgir cuando los obispos católicos se convirtieron al luteranismo y pasaron los bienes de las diócesis a nombre de ellos, como nuevos fieles de la nueva confesión luterana. Por supuesto, la Iglesia católica se opuso, al expresar que los bienes (templos, locales, parcelas, territorios, obras de arte, muebles y enseres) no eran de propiedad de los obispos sino de la Iglesia.


Líderes protestantes de la Liga de Esmalcalda.

Esas inconsistencias comenzaron a escalar el conflicto hacia escaramuzas, entre católicos y nuevos luteranos, para defender los patrimonios que estaban siendo usurpados. La paz otorgó reconocimiento oficial al culto del luteranismo por parte del Sacro Imperio Romano Germánico, con sede en Viena, Austria.





La Paz de Augsburgo, en Bavaria (Bayern), firmada el 25 de septiembre de 1555, la otorgó reconocimiento oficial al culto del luteranismo por parte del Sacro Imperio Romano Germánico.
La Paz de Augsburgo entre el Sacro Imperio Romano Germánico y sus 225 príncipes, firmada en 1555.




La Paz de Augsburgo puso fin, temporal, a la violencia que ocurría entre católicos y luteranos en los territorios germánicos y acordó cuatro puntos fundamentales a saber:


Los luteranos que habían capturado territorios de la Iglesia Católica antes del Tratado de Passau en 1552, podían conservarlos a su favor.
Los líderes eclesiásticos de la Iglesia Católica, arzobispos y obispos, que se convirtieron al luteranismo, posterior a la Paz de Passau, debían renunciar a sus territorios y dejarlos en poder de la Iglesia Católica.
Todos aquellos luteranos que vivían en estado eclesiástico, pero bajo el control de un obispo católico, podían permanecer ejerciendo como luteranos.
Los príncipes germánicos podrían elegir libremente la religión que debía profesarse en sus territorios de acuerdo con sus conciencias.

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