martes, 25 de febrero de 2014

Febrero 25: El Papa Pío V excomulgó a la reina de Inglaterra Isabel I, en 1570.




Papa Pío V

Por asumir la jefatura de la Iglesia de Inglaterra o Iglesia Anglicana, como se conoce mundialmente, el Papa Pío V le dio a la reina de Inglaterra la excomunión a través de una Bula pontificia, como respuesta a esa herejía.

La reina Isabel no quiso contraer matrimonio y por eso la apodaron la “reina virgen”. Ella no quería compartir el poder con un rey consorte y así consolidar el anglicanismo, el progreso económico y marítimo.




Isabel I fue hija del rey Enrique VIII y logró consolidar a Inglaterra como una potencia política y económica.

La rivalidad con España, a causa del apoyo que Inglaterra daba a los Países Bajos de la Casa Habsburgo de España, provocó la guerra.
A pesar de los costos de la guerra, Inglaterra se consolidó como potencia marítima mundial y territorial, con la ayuda inconmensurable de los piratas apoyados por Isabel.





La reina Elizabeth I (1558-1603) apoyó la piratería privada para tener acceso al botín porque los primeros piratas tuvieron títulos de la nobleza inglesa: “La mayoría eran nobles, y si no lo eran, la reina les daba entrada en la nobleza. En cierta ocasión, el embajador de España pidió a la reina de Inglaterra la ejecución de Drake, por pirata, después de que éste asaltara diversas plazas. En respuesta la reina Elizabeth esperó en el Támesis al marino... para armarle allí mismo caballero.”

Los piratas ingleses comenzaron sus operaciones desde las islas canarias. Entre los piratas ingleses más famosos se encuentran: John Poole, John Hawkins, Francis Drake, William Blake (Blake ha sido reconocido como santo por la Ecclesia Gnostica Catholica), Henry Morgan quien comenzó operando con patente de Corso, y Walter Raleigh, que participó en la toma de Cádiz en 1596.

La reina Isabel I sale al muelle a recibir al pirata Francis Drake y lo nombra caballero

Las patentes de corso autorizaban perseguir a los buques piratas y a navíos enemigos autorizando la libre disposición de las personas y de las mercancías que capturasen. En la práctica, ha sido dificultoso establecer los linderos entre un pirata y un corsario: para los amigos era un corso y para los afectados era un pirata. Las arcas de Inglaterra se llenaron de tesoros compartidos y hurtados a los buques españoles.